Hay una respuesta corta que sorprende a mucha gente: el agua no caduca. El agua mineral natural es un producto estable, sin nutrientes que fermenten ni grasas que se oxiden, y por eso la etiqueta no lleva fecha de caducidad sino de consumo preferente. Lo que sí tiene fecha es la botella.
Qué significa la fecha de la etiqueta
La normativa alimentaria distingue dos cosas que se confunden a diario. La fecha de caducidad se pone en productos que se vuelven peligrosos con el tiempo, como la carne fresca o la leche. La fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el fabricante garantiza que el producto conserva todas sus cualidades, no que después sea inseguro. El agua envasada lleva la segunda, y los plazos que ponen los envasadores están, en la práctica, en estas horquillas:
- Botella de plástico PET (la habitual): de 12 a 24 meses.
- Garrafa de 5 u 8 litros: parecido, aunque la relación entre superficie de plástico y volumen es peor.
- Botella de vidrio: hasta dos o tres años, porque el vidrio es inerte y no cede nada al agua.
Pasada esa fecha, una botella intacta y guardada en un sitio fresco y oscuro sigue siendo potable. Lo que puede haber perdido es sabor.

Por qué manda el envase
El PET es un plástico ligero, resistente y transparente, pero no es una barrera perfecta: es ligeramente permeable a los gases y puede ceder trazas de compuestos al agua, sobre todo con calor. Eso explica varias cosas que cualquiera ha notado alguna vez:
- El agua de una botella olvidada meses en un armario sabe «a plástico» sin estar en mal estado.
- Una botella guardada al lado de productos de limpieza acaba oliendo a ellos: los aromas atraviesan el envase.
- Una botella que ha pasado el verano en un coche sabe claramente peor que la misma marca recién comprada.
Por eso, cuando alguien quiere guardar agua durante mucho tiempo, la respuesta no es buscar una marca concreta: es elegir vidrio, guardarla en oscuridad y a temperatura estable, y rotar las reservas.
Una vez abierta: el reloj cambia por completo
Con la botella abierta, el problema ya no es el plástico, son las bacterias. Beber directamente del cuello introduce flora de la boca en el agua, y a temperatura ambiente esa flora se multiplica. Las pautas prácticas:
- Botella de la que se ha bebido a morro: ese mismo día, y en frío. Al día siguiente conviene tirarla.
- Botella abierta pero servida en vaso, cerrada y en nevera: uno o dos días con buena calidad.
- Garrafa grande en uso: conviene terminarla en pocos días y no rellenarla nunca sin lavarla y secarla.
- Botellas reutilizables: lavado diario con agua caliente y jabón, y secado completo. Una botella de acero o tritán mal secada cría biofilm en la rosca, que es donde se acumula.

Cómo guardarla para que dure lo que dice la etiqueta
Cuatro reglas, y ninguna cuesta dinero:
- Fresco y oscuro. Un armario interior, no la terraza ni el garaje con sol.
- Lejos de productos químicos. Detergentes, lejía, gasolina o pintura: los aromas migran.
- Sin apilar en exceso. Los packs de abajo se deforman y el plástico deformado sella peor.
- Rotación. Lo nuevo detrás, lo antiguo delante. Con eso solo, nunca se llega a la fecha límite.
Reserva de agua en casa: cuánta y cada cuánto cambiarla
Para cortes de suministro, la referencia que usan los servicios de protección civil es de unos tres litros por persona y día —dos para beber y uno para higiene y cocina— con una reserva de al menos tres días. Con esa cantidad, lo razonable es tener el agua en envases pequeños y de plástico o vidrio nuevos, guardarla como se ha dicho y renovarla al llegar a la fecha de consumo preferente, dedicando la que sale a riego o limpieza. También conviene tener claro que el agua del grifo hervida y guardada en un recipiente limpio y cerrado aguanta bien un par de días, pero no es una reserva de largo plazo.
Cuándo hay que tirarla sin dudar
Estas señales no admiten interpretación: agua turbia o con partículas en suspensión, tono verdoso —algas por exposición a la luz—, olor o sabor raro que no sea el ligero gusto a plástico, botella hinchada o con el precinto roto, o cualquier agua que haya estado abierta días fuera de la nevera. En agua, la duda se resuelve siempre igual: se tira, porque el coste de equivocarse no compensa el de una botella.
Agua del grifo, filtrada y de garrafa: cada una tiene su reloj
- Agua del grifo en jarra: conserva el cloro residual unas horas. Pasado un día en la nevera pierde ese cloro y, con él, la protección frente a la recontaminación: lo razonable es consumirla en 24 horas y lavar la jarra a diario.
- Agua filtrada con jarra de carbón: el filtro retiene cloro y sabores, y precisamente por eso el agua filtrada se conserva peor que la del grifo. Debe guardarse en frío y consumirse en 24 horas, y el cartucho cambiarse según el fabricante, casi siempre cada 100-150 litros o cada mes.
- Garrafa de 5-8 litros: una vez abierta, conviene terminarla en tres o cuatro días. El cuello ancho y las manos facilitan la contaminación.
- Botellón de dispensador: es el más delicado. El cambio de botellón y el grifo son los puntos críticos, y el aparato necesita limpieza y desinfección periódicas del circuito.
Calor, plástico y sabor: qué se sabe y qué no
Sobre el PET hay dos hechos bien establecidos y mucha confusión alrededor. El primero: el calor acelera la migración de compuestos del envase al agua, y eso se nota en el sabor mucho antes de que exista cualquier problema sanitario. El segundo: el PET de las botellas de agua no contiene bisfenol A, que es el compuesto que dio origen a buena parte de la alarma y que se usaba en policarbonato, no en PET.
De ahí salen recomendaciones que sí son prácticas: no dejar botellas al sol ni en el coche en verano, no reutilizar una y otra vez una botella de un solo uso —el plástico se raya y el biofilm se agarra a esas rayas—, y para uso diario elegir vidrio, acero inoxidable o plásticos duros aptos que se puedan lavar bien.
Cómo montar una reserva de agua que no haya que tirar
- Cantidad: tres litros por persona y día, mínimo tres días. Para una familia de cuatro, unos 36 litros.
- Formato: mejor botellas de 1,5 litros que garrafas grandes; se manejan, se reparten y, si una se contamina, se pierde poco.
- Sitio: armario interior fresco y oscuro, lejos de limpieza y de calor.
- Rotación: apuntar el mes en el pack con rotulador y consumirlo antes de la fecha de consumo preferente, reponiendo detrás.
- Extra útil: un par de garrafas de agua no potable para cisterna y limpieza, y pastillas potabilizadoras si la reserva es para el monte o para viajes.
Con esa rotación, la reserva nunca llega a caducar y siempre está fresca: es la diferencia entre tener agua guardada y tener agua guardada que se puede beber.
Preguntas que se repiten
¿Se puede beber agua de una botella olvidada dos años en un armario? Si el precinto está intacto, la botella no está deformada y no huele raro, sí: el agua sigue siendo potable. Otra cosa es que sepa bien.
¿Y si la botella ha estado congelada? No hay problema sanitario; el envase puede deformarse porque el agua aumenta de volumen al congelarse, y una botella deformada cierra peor.
¿El agua con gas dura más? Suele llevar fecha algo más larga porque el gas carbónico acidifica ligeramente el medio, pero pierde gas con el tiempo a través del PET: al año, un agua con gas ya no burbujea igual.
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