Hay un dato que ordena todo lo que viene después: una campana extractora no aspira grasa, mueve aire. La grasa viaja dentro de ese aire y se queda en el primer sitio donde encuentra una superficie. Por eso el estado de una campana no lo decide su motor, sino lo limpio que esté el camino por el que pasa el aire.
Qué hay dentro y qué se desgasta
Una campana tiene menos piezas que casi cualquier otro electrodoméstico de la cocina:
- Un motor eléctrico que mueve una o dos turbinas.
- Unos filtros metálicos en la boca de aspiración.
- Un conducto de salida, o un filtro de carbón si trabaja en recirculación.
- Una iluminación sobre la zona de cocción.
- Un mando, mecánico o electrónico.
De esa lista, el motor es la pieza menos exigida. Trabaja pocas horas al día, a régimen constante y sin cambios bruscos, que es justo el escenario más cómodo para un motor eléctrico. Lo que se degrada es todo lo demás, y en particular los filtros.

Los filtros metálicos: el mantenimiento que decide todo
Son las rejillas de aluminio o de acero que se ven al mirar la campana desde abajo. Su función es retener la grasa en suspensión antes de que llegue al motor y al conducto, y lo hacen obligando al aire a cambiar de dirección varias veces entre láminas.
Cuando se saturan ocurre una cadena de efectos:
- Baja el caudal de aire, porque el aire encuentra resistencia para entrar.
- Sube el ruido, porque el aire pasa a mayor velocidad por los huecos que quedan libres.
- La grasa empieza a pasar hacia el interior, y se deposita en la turbina y en el conducto.
- El motor trabaja más caliente, porque parte de su refrigeración depende del propio aire que mueve.
Ese tercer punto es el importante a largo plazo. Un filtro descuidado no solo hace que la campana aspire mal hoy: traslada el problema a piezas que ya no se pueden lavar en el fregadero.
La limpieza es sencilla. Los filtros se desmontan tirando de una pestaña, y admiten lavavajillas en un programa caliente, puestos de canto para que el agua los atraviese. Conviene no meterlos junto a la vajilla, porque la grasa que sueltan es mucha. Si se lavan a mano, agua muy caliente con desengrasante y un cepillo blando.
Los filtros de carbón y cuándo se necesitan
Aquí está el malentendido más frecuente de este electrodoméstico, y merece la pena dejarlo claro.
Una campana en extracción expulsa el aire al exterior por un conducto. No necesita filtro de carbón: los olores se van fuera con el aire.
Una campana en recirculación no tiene conducto, así que devuelve el aire a la cocina. Para que ese aire no huela, lo hace pasar por un filtro de carbón activo que retiene las moléculas responsables del olor.
La diferencia práctica es doble. La primera es que el filtro de carbón no se lava: se agota y se sustituye, porque su capacidad de retención es finita. La segunda es que una campana en recirculación devuelve a la cocina el calor y la humedad que ha aspirado, mientras que una en extracción los saca fuera.
Si una campana huele mal aun con los filtros metálicos limpios y trabaja en recirculación, el filtro de carbón agotado es el primer sospechoso.
El conducto: lo que nadie mira
En una campana con salida al exterior, el conducto es tan determinante como los filtros y se revisa muchísimo menos porque está escondido.
Tres problemas habituales:
Acumulación interior. Con los años, la grasa que los filtros no retuvieron forma una capa en las paredes del tubo, y esa capa reduce la sección libre.
Recorrido mal resuelto. Cada codo y cada metro de más restan caudal. Un conducto con varios giros cerrados puede reducir mucho el rendimiento de una campana potente, y eso no es una avería: es una instalación que nunca funcionó bien.
Tubo flexible aplastado. El tubo de aluminio corrugado es cómodo de montar y frágil: basta con que quede pinzado entre el mueble y la pared para estrangular el paso.
A esos tres se suma el final del recorrido: la rejilla exterior. Una rejilla con las lamas pegadas por la suciedad, o directamente ocupada por un nido, anula todo lo anterior.

Cómo saber si el problema es el motor
Antes de dar por muerta una campana conviene descartar todo lo anterior, porque el motor es la última sospecha y no la primera. Las señales que sí apuntan a él:
- El motor no arranca en ninguna velocidad, pero la luz sí funciona.
- Arranca con un zumbido y se para, o necesita un empujón para empezar a girar.
- Hace un ruido metálico o de rozamiento muy distinto del habitual.
- Funciona solo en algunas velocidades, lo que también puede apuntar al mando.
- Vibra de forma marcada, señal de que la turbina está desequilibrada por una acumulación de grasa.
Ese último caso tiene buena solución: una turbina desequilibrada por suciedad se limpia y recupera. Es una intervención de servicio técnico porque exige desmontar el motor, pero no implica cambiar nada.
La iluminación
Es la avería más frecuente de todas y también la más trivial. Las bombillas de una campana trabajan en un ambiente caliente y graso, que es un entorno exigente para cualquier lámpara.
En modelos antiguos suelen ser halógenas y se sustituyen sin dificultad. En los modernos, cada vez más, la iluminación es un módulo led integrado, y ahí hay que mirar las instrucciones del fabricante: en algunos se cambia la lámpara sola y en otros hay que sustituir el conjunto.
Un detalle práctico: si una campana con varias lámparas las funde siempre en el mismo punto, conviene mirar si en esa zona la temperatura es mayor de lo normal por la posición de un fuego.
Qué compensa reparar
Siempre: bombillas, filtros metálicos, filtros de carbón, interruptores, mandos mecánicos y limpieza de turbina.
Hay que valorarlo: el motor. En una campana de gama alta, bien integrada en el mueble y con años de vida por delante, tiene sentido. En una campana sencilla, su precio se acerca al de un aparato nuevo.
Rara vez: la placa electrónica de un modelo antiguo con mandos táctiles, por coste y por disponibilidad de la pieza.
Hay además un factor de oportunidad que conviene tener en cuenta: cambiar una campana empotrada implica tocar el mueble alto y a veces el conducto. Si se está haciendo cualquier obra en la cocina, es el momento de hacerlo.
Rutina que la mantiene como el primer día
- Lavar los filtros metálicos en cuanto se note grasa al tacto, sin esperar a un plazo fijo.
- Reponer el filtro de carbón si la campana trabaja en recirculación.
- Encender la campana antes de empezar a cocinar y dejarla unos minutos después, para que arrastre el vapor residual.
- Usar la velocidad media como norma: la máxima consume y hace ruido sin mejorar tanto el resultado.
- Limpiar la superficie exterior con desengrasante suave, sin abrasivos en el acero inoxidable.
- Revisar la rejilla exterior una vez al año, sobre todo si vive en zona de nidos.
Hecho eso, lo normal es que la campana sobreviva a la cocina en la que está instalada. Y cuando llegue el día de cambiarla, será por la puerta del mueble o por la potencia de la nueva placa, no porque el motor haya dicho basta.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos años dura una campana extractora?
Es uno de los electrodomésticos de cocina con la vida útil más larga, porque su parte mecánica es muy simple: un motor eléctrico que mueve una turbina y poco más. Lo habitual es que una campana acompañe a la cocina durante toda su vida y que se cambie por reforma o por estética, no por avería. Eso no significa que no dé problemas: da bastantes, pero casi todos son de mantenimiento y no de desgaste real del aparato.
¿Por qué mi campana aspira cada vez menos?
Casi siempre porque el aire ya no encuentra un camino libre. La secuencia típica es filtros metálicos saturados de grasa, conducto de salida con una capa de suciedad adherida en sus paredes o con algún tramo aplastado, y salida al exterior obstruida por una rejilla sucia o por un nido. Con menos paso de aire, el motor gira igual de rápido pero mueve mucho menos caudal, y la cocina empieza a oler. Antes de pensar en una avería conviene revisar esos tres puntos en ese orden.
¿Cada cuánto hay que limpiar los filtros metálicos?
Depende por completo de cómo se cocine, y por eso cualquier plazo fijo es orientativo. Una cocina donde se fríe a menudo satura los filtros mucho antes que una donde se hierve y se hornea. La referencia práctica es visual y táctil: si al pasar el dedo por la rejilla queda grasa, toca lavarlos. Van al lavavajillas en un programa caliente, colocados de canto para que el agua los atraviese, y conviene no llenar la máquina con vajilla en esa misma carga.
¿Los filtros de carbón se lavan?
No. Es la diferencia más importante entre los dos tipos de filtro y la que más confusión genera. El filtro metálico retiene la grasa y se lava; el de carbón activo retiene los olores y se satura de forma irreversible, así que hay que sustituirlo. Solo lo llevan las campanas que funcionan en recirculación, es decir, las que devuelven el aire a la cocina en lugar de expulsarlo al exterior. Los modelos con salida al exterior no lo necesitan.
¿Qué diferencia hay entre extracción y recirculación?
Son dos formas distintas de resolver el mismo problema. En extracción, el aire cargado de humos y vapor se expulsa al exterior por un conducto, y es el sistema más eficaz porque saca de la cocina el calor, la humedad y los olores. En recirculación, el aire pasa por un filtro de carbón y vuelve a la cocina limpio de olores, pero conservando el calor y la humedad. La recirculación es la solución cuando no hay posibilidad de conducto, y exige reponer el filtro de carbón con regularidad.
¿Cuándo no compensa arreglar una campana?
Compensa sin discusión cambiar bombillas, filtros, un interruptor o un mando. Hay que valorar el motor, que es la pieza cara: en una campana de gama alta puede tener sentido, y en una sencilla su precio se acerca al de un aparato nuevo. Y no suele compensar la electrónica de un modelo con bastantes años, sobre todo si es de control táctil, porque a ese coste se suma la dificultad de encontrar la pieza concreta.
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