Un router es uno de los pocos aparatos de la casa que funciona veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año, sin que nadie lo apague nunca. Con ese régimen de trabajo cabría esperar que se rompiera pronto, y lo curioso es que casi nunca se rompe: la inmensa mayoría de los routers se sustituyen por razones que no tienen nada que ver con una avería.
Qué se estropea en un router, cuando se estropea
Dentro de la carcasa hay poca cosa: una placa con un procesador de red, memoria, la radio del wifi, los conectores y una fuente de alimentación. No hay partes móviles, así que no hay desgaste mecánico. Lo que hay es calor, y el calor es el que hace todo el trabajo de destrucción.
Por orden de frecuencia, esto es lo que falla:
- La fuente de alimentación. Es la pieza que más se avería, con diferencia, tanto si es un transformador externo como si va integrada. Sus condensadores se degradan con el calor y la tensión de salida se vuelve inestable.
- Los condensadores de la placa. El mismo problema, un paso más adentro. Cuando pierden capacidad, el aparato se vuelve inestable: se cuelga, se reinicia solo, pierde el wifi y lo recupera.
- La memoria saturada. No es una avería física, sino un agotamiento de recursos que se libera reiniciando. Es el síntoma que aparece antes que cualquier otro.
- Los conectores. Los puertos de red y el conector de alimentación se aflojan con los años y con los tirones de cable.
- La radio del wifi. Rara vez falla del todo; lo que sí ocurre es que pierde alcance de forma progresiva.
Ese orden tiene una consecuencia práctica interesante: cuando un router «se ha muerto», muchas veces lo que se ha muerto es el transformador, y probar con otro compatible antes de tirar el aparato es una comprobación de dos minutos que sale gratis.
El calor decide casi todo
Si hubiera que quedarse con un solo factor, sería este. Un router disipa calor de forma continua y lo hace por convección, es decir, dejando que el aire caliente suba y salga por las rejillas. Cualquier cosa que interrumpa ese flujo acorta la vida del aparato.
Los cinco errores más habituales de colocación:
- Encerrado en un mueble o en el armario del recibidor. Es el caso más común y el peor: el aire caliente no tiene salida y la temperatura interior sube muy por encima de la prevista.
- Con cosas encima. Libros, un decodificador, una caja. Las rejillas superiores son la salida principal del aire.
- Tumbado cuando está diseñado para estar en vertical, o al contrario. La orientación no es decorativa: define por dónde circula el aire.
- Junto a un radiador o al sol directo. Se suma calor externo al que ya genera.
- Con las rejillas llenas de polvo. El polvo actúa como una manta térmica.
Un router bien ventilado puede durar el doble que el mismo modelo metido en un cajón. No es una exageración: es la diferencia entre trabajar a temperatura de diseño y trabajar por encima de ella todos los días del año.

La verdadera razón por la que se cambian: obsolescencia
Aquí está el dato que cambia la forma de mirar la pregunta. La mayoría de los routers que se sustituyen funcionaban perfectamente. Se cambian por tres motivos que no son averías:
Un estándar nuevo de wifi. Cada generación de wifi mejora la velocidad, la gestión de muchos dispositivos a la vez y el comportamiento en entornos con mucha interferencia. Un router de una generación anterior sigue funcionando, y no puede dar lo que su radio no contempla.
Firmware abandonado. Este es el motivo más serio y el menos comentado. Un router es un ordenador conectado directamente a internet, y como cualquier ordenador tiene vulnerabilidades que se corrigen con actualizaciones. Cuando el fabricante deja de publicarlas para un modelo, el aparato sigue funcionando igual de bien y deja de estar protegido frente a fallos descubiertos después. Ese es, objetivamente, el mejor argumento para cambiar un router que va bien.
La casa ha cambiado. Se ha contratado más velocidad, han aparecido diez dispositivos nuevos, se ha añadido una habitación o se trabaja desde casa. El router que bastaba para dos móviles y un portátil se queda corto con veinte cosas conectadas, y no porque se haya deteriorado.
Las señales de que este sí toca cambiarlo
Distinguir un problema de configuración de un aparato al final de su vida no siempre es fácil. Estas seis señales apuntan al aparato:
- Reinicios cada vez más frecuentes. De uno al mes a uno por semana, y de ahí a uno al día. La progresión es el dato.
- Se cuelga solo por la tarde o cuando hace calor en casa. Síntoma clásico de temperatura.
- La carcasa está muy caliente al tacto, más que otros años.
- Pierde el wifi y lo recupera sin motivo, con los dispositivos quietos en el mismo sitio.
- Los puertos de cable ya no reconocen los aparatos o hay que mover el cable para que enganchen.
- El fabricante no ha publicado firmware en años y el modelo ya no aparece en su web de soporte.
Cuando aparecen dos o tres de estas a la vez, el diagnóstico está claro. Cuando solo aparece «va lento», el diagnóstico casi nunca es el router.

Antes de comprar otro: tres comprobaciones
«El wifi va mal» es un síntoma con muchas causas y solo una de ellas se arregla comprando un aparato. Merece la pena descartar las otras dos, que son gratis:
Comprueba si el problema es la línea o el wifi. Conecta un ordenador con cable de red al router y mide la velocidad. Si con cable va bien y sin cable va mal, el problema es de wifi y el router puede tener algo que ver. Si con cable también va mal, el router es inocente y el problema está en la línea o en el operador.
Comprueba la distancia y los obstáculos. El wifi atraviesa madera y cristal con facilidad, ladrillo con dificultad y hormigón armado o espejos de gran tamaño con muchísima dificultad. Si el problema aparece solo en una habitación concreta, ningún router lo va a resolver por potencia: lo que hace falta es acercar la señal, con un punto de acceso adicional, con un repetidor o con un adaptador que use el cableado eléctrico de la casa.
Comprueba el canal. En un bloque de pisos, decenas de routers comparten el mismo espacio de radio. Si el vecindario está saturado en un canal y el router está en modo automático, a veces basta con fijar un canal más despejado para que la conexión se estabilice.
Router propio o router del operador
Es la decisión que más dudas genera y no tiene una única respuesta correcta. Las dos opciones tienen ventajas reales:
- El equipo del operador viene configurado, está soportado por quien da el servicio y, si se avería, se sustituye sin coste porque forma parte del servicio contratado. También es el que menos control ofrece.
- Un equipo propio suele tener mejor radio, más opciones de configuración y actualizaciones durante más tiempo. En cambio, cualquier problema pasa a ser cosa del usuario, y en algunas instalaciones el equipo del operador no se puede retirar del todo.
La combinación que mejor funciona en la práctica es intermedia: mantener el equipo del operador haciendo su trabajo de conexión y añadir un buen punto de acceso propio para el wifi. Así se conservan la garantía y el soporte del servicio y se gana la cobertura que el equipo básico no da.
Cómo alargar su vida sin hacer nada raro
Seis medidas que no cuestan dinero y que en conjunto marcan mucha diferencia:
- Sacarlo del mueble. La única medida que de verdad cambia las cosas.
- Nada encima y nada tapando las rejillas.
- Quitar el polvo de las ranuras con aire o con un pincel seco, un par de veces al año.
- Respetar la orientación que indica el fabricante, vertical u horizontal.
- Actualizar el firmware mientras haya versiones disponibles.
- No apagarlo y encenderlo a diario. Los ciclos de arranque estresan la fuente de alimentación más que el funcionamiento continuo.
Ese último punto sorprende a mucha gente, y es coherente con cómo fallan estos aparatos: si el componente débil es la fuente, cada arranque es un pico de corriente y por tanto un pequeño esfuerzo añadido. Un router que se queda encendido y bien ventilado suele sobrevivir a otro que se apaga cada noche y vive encerrado.
En resumen
Un router doméstico aguanta años de funcionamiento continuo y muy pocos llegan a averiarse. Lo que decide su final no es una pieza rota, sino tres cosas: la temperatura a la que ha trabajado, el estándar de wifi que puede ofrecer y, sobre todo, si el fabricante sigue publicando actualizaciones de seguridad.
Y una regla que ahorra dinero: antes de cambiarlo, comprobar con cable si el problema es la línea. En la mitad de los casos en los que alguien cree que su router está viejo, lo que va lento es la conexión contratada, y ahí un aparato nuevo no cambia absolutamente nada.
Otras duraciones que te interesan
También en datosde.com: cuánto cuesta reformas y servicios · cuánto gasta la luz · sueldos por profesión · coleccionables.
Comentarios
¿Te ha resultado útil? ¿Tienes una duda, un dato que aportar o tu propia experiencia? Déjala aquí abajo. Se publica al instante tras un filtro anti-spam (sin datos personales, teléfonos, enlaces, insultos ni incitación al odio).
Para comentar, identifícate con tu cuenta de Google: