La gasolina aguanta en buen estado entre tres y seis meses, y puede llegar a un año si está en un depósito bien cerrado, a la sombra y en un sitio fresco. El gasóleo resiste más: entre seis meses y un año.
Conviene empezar aclarando algo que confunde a mucha gente: los combustibles no caducan. No llevan fecha, no hay una norma que la fije y nadie va a multar a nadie por usar gasolina de hace ocho meses. Lo que hay es un proceso lento de degradación, y esos plazos marcan el momento en que un motor empieza a notarlo.
Qué le pasa exactamente a la gasolina
No se estropea de una sola manera: se estropea de tres a la vez, y conviene conocerlas porque cada una explica un síntoma distinto.
1. Se evapora lo mejor. La gasolina no es un líquido único, es una mezcla de hidrocarburos con puntos de ebullición distintos. Los más ligeros son precisamente los que hacen que un motor arranque en frío. Y son los primeros en irse. Por eso el primer síntoma de un combustible viejo nunca es la potencia: es que cuesta arrancar.
2. Se oxida. En contacto con el oxígeno del aire, los hidrocarburos que quedan reaccionan y forman compuestos pesados: primero una especie de barniz, después gomas insolubles. Esas gomas son las que se depositan en el circuito y las que convierten un problema de combustible en un problema de taller.
3. Absorbe agua. Las gasolinas que se venden hoy llevan etanol —es lo que indican las etiquetas E5 y E10 de los surtidores—, y el etanol es higroscópico: capta la humedad del aire. Si capta suficiente, se produce una separación de fases: la mezcla de etanol y agua se va al fondo del depósito y arriba queda una gasolina empobrecida. Un motor que aspire esa capa del fondo no funciona.
Los tres procesos van juntos y los tres se aceleran con lo mismo: calor, aire y tiempo.

Por qué el gasóleo dura más (y por qué no está a salvo)
El gasóleo gana el primer asalto por una razón física: es mucho menos volátil. No tiene fracciones ligeras que perder, así que el problema número uno de la gasolina simplemente no le afecta. De ahí que se hable de seis a doce meses en lugar de tres a seis.
Pero tiene dos problemas propios.
El agua y los microorganismos. En un depósito de gasóleo la condensación forma una capa de agua en el fondo, y en la frontera entre el agua y el combustible proliferan bacterias y hongos. Es lo que en el sector se llama la plaga del gasóleo, y produce un lodo oscuro y viscoso que atasca el filtro de combustible en cuestión de minutos. Es el motivo de que las máquinas que pasan el invierno paradas den problemas en la primera puesta en marcha.
El biodiésel. El gasóleo que se vende en España lleva una proporción de origen vegetal. Esa fracción es más propensa a captar agua y a degradarse que el gasóleo mineral puro, así que los gasóleos actuales se conservan algo peor que los de hace veinte años.
Y hay un tercer factor estacional que conviene recordar: el gasóleo de invierno y el de verano no son iguales. El de verano, usado en pleno invierno, puede dar problemas de filtrabilidad con frío intenso. No es degradación, pero el síntoma se parece.
Lo que más acorta el plazo
Dos depósitos llenos el mismo día pueden estar en estados muy distintos seis meses después. Esto es lo que marca la diferencia.
La temperatura. Es el factor que más pesa, con mucho. Las reacciones de oxidación se aceleran con el calor, y la evaporación también. Un bidón al sol en un patio pierde en un mes lo que otro en un sótano fresco pierde en tres.
El aire dentro del recipiente. Lo que oxida el combustible es el oxígeno, y lo que condensa humedad es el aire húmedo del hueco. Un depósito lleno tiene poco hueco; uno a medias, mucho. De ahí la recomendación que más sorprende: para guardar, mejor lleno.
El cierre. Un depósito de coche moderno está sellado y presurizado, y además ventila a través de un filtro de carbón activo. Un bidón que se abre cada quince días está, en la práctica, aireando el combustible cada vez.
El tipo de recipiente. Los bidones homologados para combustible, ya sean de metal o de plástico, cierran bien y resisten. Un recipiente improvisado —una garrafa de agua, una botella— no solo cierra mal: el plástico se degrada con los hidrocarburos y acaba fallando. Es, además, ilegal y peligroso.
El etanol. Entre dos gasolinas, la que lleva más etanol es la que peor se conserva en ambientes húmedos. Es la razón de que para maquinaria que va a estar parada mucho tiempo haya quien prefiera combustibles especiales sin etanol.

Las señales de que ya está pasada
Antes de arrancar nada, hay tres comprobaciones que se hacen en dos minutos y que ahorran una limpieza de circuito.
El olor. Es la más fiable. La gasolina fresca huele fuerte, punzante, agresiva. La vieja huele apagada y dulzona, con un fondo que recuerda al barniz o a la laca. Si al abrir el bidón no huele a gasolina sino a disolvente viejo, está pasada.
El color. Se oscurece con el tiempo. Hay que verter un poco en un recipiente transparente y mirarlo al trasluz: si ha pasado de un tono claro a un ámbar oscuro o turbio, lleva demasiado tiempo.
La separación. En ese mismo recipiente, hay que mirar el fondo. Si se ve una segunda capa, una línea que separa dos líquidos de aspecto distinto, lo de abajo es agua con etanol y el combustible ya no vale para nada. Esto es específico de la gasolina con etanol y es la señal más definitiva de las tres.
En gasóleo, la comprobación equivalente es buscar turbidez y, sobre todo, restos oscuros o filamentos en el fondo, que son el lodo microbiano.
Cómo guardarla para que dure
Cinco reglas, de la que más efecto tiene a la que menos.
1. Llena el depósito antes de guardar. Vale para el coche que se queda parado, para la moto que invierna y para el generador. Cuanto menos aire quede dentro, menos oxidación y menos condensación. La excepción son algunos motores pequeños de jardinería, cuyos fabricantes recomiendan lo contrario —dejar el depósito y el carburador secos—, y ahí manda el manual.
2. Fresco y a la sombra. El sol directo sobre un bidón es lo peor que le puede pasar. Un sitio cubierto, ventilado y con temperatura estable multiplica el plazo.
3. Recipiente homologado y bien cerrado. Bidones aprobados para combustible, con el tapón en buen estado y la junta entera. Y no abrirlos «para mirar»: cada apertura es aire nuevo.
4. Estabilizador si va a estar parado más de unos meses. Se añade antes del almacenamiento y después se arranca el motor unos minutos, para que el producto recorra el circuito entero y no se quede solo en el depósito. Es lo habitual en motos, embarcaciones, generadores y maquinaria de temporada.
5. Rota el combustible. Si guardas un bidón de reserva, úsalo en el coche cada pocos meses y vuelve a llenarlo. Un bidón que se renueva no se estropea nunca; uno que lleva dos años en el trastero es, en el mejor de los casos, un problema.
Una advertencia que no es menor: almacenar combustible en casa, en un garaje o en un trastero está limitado por la normativa de almacenamiento de productos químicos y por las ordenanzas y los estatutos de cada comunidad, y las cantidades permitidas no son las mismas en todos los casos. Antes de guardar más de un bidón pequeño, conviene comprobarlo.
Qué hacer si ya la tienes vieja
Depende de cuánto y de en qué estado esté.
Si solo está algo pasada —huele un poco apagada pero el color es normal y no hay capa en el fondo—, la salida habitual es diluirla: añadir una pequeña cantidad a un depósito grande y lleno de combustible fresco, de modo que la proporción sea mínima. En un coche con el depósito casi lleno, unos litros de gasolina de cinco meses no se notan.
Si está claramente degradada —olor a barniz, color oscuro, turbia o con dos capas—, no se usa. Ni diluida. El riesgo no compensa: una limpieza de inyectores o de carburador cuesta mucho más que el combustible que se tira.
Y en ningún caso se tira al desagüe, al suelo ni a la basura. Es un residuo peligroso. Va al punto limpio o a un gestor autorizado, en su recipiente y bien cerrado. Muchos puntos limpios municipales lo admiten en cantidades domésticas.
Si la máquina ya ha funcionado con ella y va a tirones, el orden de revisión es el mismo de siempre: vaciar el depósito, cambiar el filtro de combustible y, si el motor sigue sin ir fino, revisar carburador o inyectores. Saltarse el filtro y limpiar solo el depósito es la causa número uno de que el problema vuelva a la semana.
El caso que más se repite
Vale la pena describirlo porque le pasa a casi todo el mundo: la máquina de temporada.
El cortacésped se usa de marzo a octubre, se guarda en noviembre con el depósito a medias y se saca en marzo. Han pasado cuatro o cinco meses, el depósito es pequeño y de plástico, la mitad era aire y ha estado en un cobertizo que en enero está a cinco grados y en marzo a veinte. Resultado: la gasolina ha perdido ligeros, ha captado humedad y ha dejado un poso en el carburador.
El motor no arranca, o arranca y se cala, y el propietario concluye que la máquina está estropeada. No lo está: lo que está estropeado es el combustible, y la factura se la lleva el carburador.
Evitarlo cuesta cinco minutos en noviembre: vaciar el depósito y hacer funcionar el motor hasta que se pare por falta de combustible, o bien llenarlo del todo con estabilizador y dejarlo correr un par de minutos. Cualquiera de las dos cosas vale; lo que no vale es la opción intermedia, que es justo la que hace todo el mundo.
Ojo: los plazos de esta página son rangos orientativos, no una fecha de caducidad. Un combustible no se vuelve inservible el día que cumple seis meses: se degrada poco a poco y depende sobre todo de la temperatura, del aire que haya en el recipiente y de lo bien que cierre. Las comprobaciones de olor, color y separación dicen mucho más que el calendario.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo aguanta la gasolina guardada?
La horquilla que se maneja habitualmente es de tres a seis meses en condiciones normales y hasta un año si está en un depósito o bidón bien cerrado, a la sombra y en un sitio fresco. Conviene decirlo con claridad: no es una fecha de caducidad y no hay ninguna cifra oficial, porque los combustibles no caducan como un alimento. Lo que hay es un proceso gradual de degradación, y esos plazos marcan el punto en que un motor empieza a notarlo.
¿La gasolina caduca?
No en el sentido legal del término: no lleva fecha de caducidad ni existe una norma que la fije. Lo que sí hace es degradarse, y por tres caminos a la vez. Los componentes más ligeros, que son los que facilitan el arranque, se evaporan. El resto se oxida al contacto con el aire y forma gomas y barnices. Y el etanol que llevan las gasolinas actuales absorbe humedad del ambiente. El resultado no es que la gasolina deje de arder: es que arranca peor, rinde menos y ensucia.
¿Qué dura más, la gasolina o el gasóleo?
El gasóleo, y con diferencia. Suele hablarse de seis a doce meses frente a los tres a seis de la gasolina, por un motivo sencillo: el gasóleo es mucho menos volátil, así que no pierde fracciones ligeras por evaporación. A cambio tiene un enemigo que la gasolina no tiene, y es el agua: la condensación en el depósito crea una capa en el fondo donde prolifera la llamada «plaga del gasóleo», unos microorganismos que forman un lodo que atasca filtros e inyectores.
¿Qué le pasa al motor si uso gasolina vieja?
Lo primero que se nota es el arranque: cuesta, hay que insistir y a veces no arranca en frío. Después aparecen tirones, ralentí inestable, pérdida de potencia al acelerar y, en motores pequeños, que se cale. Si el combustible lleva mucho tiempo y ha formado gomas, el daño es otro: esos depósitos atascan el filtro, el carburador o los inyectores, y entonces ya no basta con vaciar el depósito, hay que limpiar el circuito.
¿Es mejor guardar el depósito lleno o vacío?
Lleno, y es el consejo más contraintuitivo de esta página. Con el depósito lleno queda poco aire dentro, y el aire es lo que aporta el oxígeno que oxida el combustible y la humedad que condensa en las paredes al cambiar la temperatura. Un depósito a medias tiene el doble de problema: más superficie en contacto con aire y más condensación. La única excepción son los motores pequeños de jardinería, donde a veces se recomienda lo contrario y dejarlo seco del todo.
¿Para qué sirve un estabilizador de combustible?
Es un aditivo que se añade al depósito antes de guardar la máquina y que retrasa la oxidación del combustible, de modo que la gasolina aguanta en buen estado bastante más tiempo del que aguantaría sola. Se usa sobre todo en motos, embarcaciones, generadores y maquinaria de jardín que pasan meses parados. Hay que añadirlo antes del almacenamiento, no después, y arrancar el motor unos minutos para que el producto llegue a todo el circuito y no se quede solo en el depósito.
¿Qué hago con la gasolina que ya está vieja?
Lo primero: no tirarla. Al desagüe, al suelo o a la basura no va, es un residuo peligroso y se lleva a un punto limpio o a un gestor autorizado. Si la cantidad es pequeña y el combustible no está muy degradado, una salida habitual es diluirlo en un depósito grande y lleno de combustible fresco, de modo que la proporción sea mínima. Si huele a barniz, está turbio o tiene restos en el fondo, esa vía ya no vale: ahí solo cabe retirarlo.
¿Cómo sé si la gasolina está pasada?
Por el olor y por el color, en ese orden. La gasolina fresca huele fuerte y punzante; la vieja huele más apagada, más dulzona, con un fondo que recuerda al barniz o a la laca. En cuanto al color, oscurece con el tiempo: puede pasar del tono claro original a un ámbar turbio. Y hay una tercera señal que no engaña: si al verter un poco en un recipiente transparente se ve una segunda capa en el fondo, es agua separada del etanol y ese combustible ya no sirve.
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