De qué depende realmente el tiempo
La respuesta honesta es que depende de dos cosas, y que quien dé una cifra sin preguntar por ellas se la está inventando.
La primera es el grosor del hielo. Una escarcha fina, de las que se limpian pasando la mano, desaparece en poco rato. Un bloque de varios centímetros que ha ido creciendo durante meses hasta soldar los cajones entre sí es otra historia completamente distinta: dejado a su aire puede ocupar buena parte de un día.
La segunda es la temperatura de la habitación. El deshielo es un intercambio de calor entre el aire de la cocina y el hielo, así que una cocina cálida en julio y un garaje sin calefacción en enero dan resultados que no se parecen en nada.
Como referencia útil: sin ayuda ninguna, con la puerta abierta y a temperatura normal de vivienda, lo prudente es contar con varias horas. Con recipientes de agua caliente dentro, ese tiempo se reduce muchísimo, y en un congelador con hielo moderado la diferencia entre ayudar y no ayudar puede ser la de una tarde entera.

El método que funciona, paso a paso
1. Vaciar y aprovechar
Se saca todo. Es el momento de tirar lo que lleve ahí demasiado tiempo, que en cualquier congelador doméstico es más de lo que uno recordaba. Lo que se conserva se agrupa.
2. Desenchufar
Desenchufar, no bajar el termostato. Y si el aparato está empotrado o es difícil llegar al enchufe, mejor resolverlo ahora que con las manos mojadas dentro de un rato.
3. Preparar el suelo
Va a salir agua, y más de la que parece. Toallas viejas delante y debajo, y si el aparato tiene desagüe de deshielo, un recipiente bajo en la salida. Este es el paso que más gente se salta y el que provoca el estropicio.
4. Puerta abierta y calor dentro
Con la puerta abierta ya empieza el proceso. Para acelerarlo, se meten dentro uno o varios recipientes con agua muy caliente, se cierra la puerta unos minutos y se repite cuando el agua se enfríe. El vapor despega el hielo de las paredes mucho antes que el aire ambiente, y muchas veces el bloque termina soltándose entero de golpe.
Conviene apoyar los recipientes sobre un paño o un salvamanteles, para no poner calor directo sobre el plástico del interior. Un ventilador apuntando hacia dentro también ayuda, porque renueva el aire frío que se queda estancado.
5. Recoger y secar
Según se suelta, se recogen los trozos con la mano o con una espátula de plástico. Después se limpia el interior y se seca a fondo: paredes, rincones y sobre todo la goma de la puerta.
Lo que nunca hay que hacer
Esta es la parte importante del artículo y la razón por la que conviene tener paciencia.
Detrás de las paredes interiores del congelador está el evaporador: el circuito de tubos por el que circula el gas refrigerante. Está a muy poca profundidad y es de pared fina. Un cuchillo, un destornillador, un punzón o cualquier herramienta metálica lo perfora con una facilidad que sorprende a todo el que lo ha hecho.
Si se perfora, el gas se escapa. El aparato deja de enfriar, y la reparación pasa por soldar y recargar un circuito sellado, algo que en un electrodoméstico doméstico muchas veces no compensa frente a comprar otro. Es la forma más habitual de que un congelador que funcionaba perfectamente acabe en el punto limpio: no por avería, sino por prisa. La misma lógica que decide cuánto dura un frigorífico se aplica aquí: lo que mata al aparato casi nunca es el motor.
Tampoco conviene el secador de pelo, por una razón distinta y bastante evidente: es un aparato eléctrico sostenido con la mano dentro de un espacio cerrado donde está cayendo agua.

La comida mientras tanto
El principio que hay que retener es que el frío se conserva mejor en masa. Un montón compacto de paquetes congelados, apretados unos contra otros y envueltos en mantas o en varias capas de papel, se mantiene bastante más tiempo que esos mismos paquetes repartidos por la encimera.
Por orden de preferencia: una nevera portátil es la mejor solución; una caja de cartón forrada con mantas funciona razonablemente; el horno apagado sirve de cámara aislada si no hay otra cosa; y en invierno, un balcón a la sombra ayuda mucho.
Dos advertencias. La primera, no abrir el almacén improvisado cada poco: cada apertura cuesta frío. La segunda, sobre el pescado y la carne picada, que son los productos que peor llevan una subida de temperatura: si se han ablandado de verdad, lo sensato es cocinarlos ese mismo día y no volver a congelarlos crudos.
Cada cuánto conviene hacerlo
No hay calendario, hay criterio: cuando el hielo empieza a estorbar y a quitar sitio. Y hay una razón menos visible que la del espacio.
El hielo aísla. Una capa gruesa separa las paredes frías del aire del interior, y el aparato tiene que trabajar más horas para conseguir la misma temperatura. Eso se paga dos veces: en la factura de la luz todos los meses y en horas de compresor, que son horas de vida del aparato.
Hay una distinción que conviene hacer. En un congelador de los de toda la vida, la escarcha es normal y descongelar es mantenimiento. En un aparato no frost, la aparición de hielo abundante no es normal: significa que el sistema de desescarche automático ha dejado de hacer su trabajo. Ahí descongelar a mano resuelve el síntoma durante unas semanas, pero el hielo volverá, porque lo que hay debajo es una avería.
Los dos últimos pasos, que sí importan
Antes de enchufarlo conviene no correr.
Secarlo bien. El agua que se quede dentro es la primera escarcha nueva en cuanto el aparato arranque, y la que empapa la goma de la puerta la castiga y acorta su vida. Un paño seco por paredes, cajones, rincones y junta.
Dejarlo reposar de pie. Si durante la limpieza el aparato se ha inclinado o tumbado, hay que dejarlo vertical un rato antes de enchufarlo. El compresor lleva aceite, y ese aceite tiene que volver a su sitio antes de que el motor arranque. Encenderlo con el aceite desplazado es una manera conocida de estropear justo la pieza que suele ser la más cara.
Y una última cosa: encenderlo vacío un rato antes de volver a meter la comida. Si se llena en frío, el aparato tiene que bajar de golpe la temperatura de todo el contenido, que es exactamente el esfuerzo que se acaba de intentar evitar.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en descongelarse un congelador?
La horquilla es amplísima y depende sobre todo de dos cosas. La primera es el grosor del hielo: una capa fina de escarcha puede desaparecer en un rato, mientras que un bloque de varios centímetros pegado a las paredes y a los cajones puede llevar buena parte de un día si se deja a su aire. La segunda es la temperatura de la habitación: en una cocina cálida el hielo se va mucho antes que en un garaje en invierno. Dejado sin ayuda y con la puerta abierta, lo normal es contar con varias horas. Con recipientes de agua caliente dentro, ese tiempo se reduce de forma muy considerable.
¿Cómo puedo acelerarlo sin estropear nada?
El método seguro y más eficaz es meter dentro uno o varios recipientes con agua muy caliente, cerrar la puerta unos minutos y repetir cuando el agua se enfríe. El vapor y el calor despegan el hielo de las paredes mucho antes que el aire de la cocina, y en muchos casos el bloque acaba desprendiéndose entero de golpe. Conviene poner los recipientes sobre un salvamanteles o un paño para no aplicar calor directo sobre el plástico. Otra ayuda es un ventilador apuntando al interior con la puerta abierta, que renueva el aire frío estancado. Lo que no se recomienda es el secador de pelo: mezcla un aparato eléctrico con agua de deshielo.
¿Puedo rascar el hielo con un cuchillo para ir más rápido?
No, y esta es la única advertencia de este artículo que es realmente importante. Detrás de las paredes interiores del congelador está el evaporador, un circuito de tubos por el que corre el gas refrigerante. Es de pared fina, está a muy poca profundidad y un cuchillo, un destornillador o un punzón lo perforan con una facilidad pasmosa. Si eso ocurre, el gas se escapa, el aparato deja de enfriar y la reparación consiste en recargar un circuito sellado, algo que muchas veces no compensa frente a comprar otro. Un congelador que llevaba años funcionando bien se puede perder en un segundo por querer ahorrar media hora.
¿Qué hago con la comida mientras tanto?
Lo primero es aprovechar el momento para tirar lo que lleve ahí demasiado tiempo, que en todo congelador es más de lo que uno cree. Con el resto, el principio que funciona es que el frío se conserva mejor en masa: los paquetes juntos, apretados unos contra otros y envueltos en mantas o en varias capas de papel, aguantan bastante más que repartidos. Lo ideal es una nevera portátil; si no hay, una caja de cartón forrada con mantas cumple. En invierno, un balcón a la sombra ayuda. Y conviene no abrir ese improvisado almacén cada dos por tres: cada apertura cuesta frío.
¿Cada cuánto hay que descongelar un congelador?
No hay un calendario, hay un criterio: cuando la capa de hielo empieza a ser gruesa y a estorbar. Esa escarcha no es solo cuestión de sitio, aunque también lo sea. El hielo aísla las paredes frías del aire interior, y un aparato con las paredes aisladas tiene que funcionar más horas para conseguir la misma temperatura, lo que se paga en la factura y en desgaste. En un congelador no frost, en cambio, la aparición de hielo abundante no es normal: indica que el sistema de desescarche ha dejado de funcionar, y ahí lo que hay no es una tarea de mantenimiento sino una avería que conviene mirar.
¿Puedo enchufarlo en cuanto termine de descongelarse?
Casi, pero conviene no correr en los dos últimos pasos. Primero hay que secarlo bien por dentro, incluidas las juntas y los rincones: el agua que se queda se convierte en la primera escarcha nueva nada más arrancar, y la que empapa la goma de la puerta la castiga. Segundo, si durante la limpieza el aparato se ha tumbado o inclinado, hay que dejarlo de pie un rato antes de enchufarlo, para que el aceite del compresor vuelva a su sitio; arrancarlo con el aceite desplazado es una forma conocida de estropear el motor. Y por último, encenderlo vacío un rato antes de volver a meter la comida, para que alcance temperatura.
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